-¡Qué pueblo este! – exclamó don Gil -. A mí que no me hablen de Granda, ni de Sevilla; porque fíjese usted que Granada tiene tres aspectos: la Alhambra, Puerta Real y el Albaicín, que son tres cosas muy distintas. Sevilla es más grande que Córdoba, pero es ya más cosmopolita, se parece a Madrid; pero Córdoba no, Córdoba es una e indivisible, Córdoba está en su propia Salsa.

Baroja recrea una de sus novelas en Córdoba. Quintín, el protagonista, vuelve de Londres tras concluir sus estudios. El reencuentro con la familia no es cálido y agradable, como cabría esperar, revelando tensiones y heridas que lanzarán a Quintín a la calle y al pasado, donde trata de buscar su identidad. Desde la vieja aristocracia hasta el bronce, Quintín se moverá por todas las capas sociales de Córdoba en sus itinerarios por la ciudad.

Te proponemos en esta ruta, que iniciamos desde la estación, el paseo de la Renfe, seguir los pasos de Quintín en dos de los itinerarios más definidos de la novela: desde la estación a su casa, desde su casa a la casa del marqués. La Córdoba que se presenta revela desde el principio contradicciones entre las expectativas, los estereotipos y la realidad. El tiempo, el carácter de la gente, la peculiaridad de sus costumbres. En definitiva, Córdoba no es sino el recorrido de Quintín y sus aventuras en busca de la ciudad y de sí mismo.

Quintín no se figuraba tanta soledad, tanta luz, tanto misterio y silencio. Sus ojos, acostumbrados a la luz cernida y opaca del Norte, se cegaban con la reverberación de las paredes; en su oído zumbaba el aire como esos grandes caracoles sonoros.